Una caricia en una nalgada: una guía para las nalgadas, entre el amor, las manos ardiendo y culitos rojos

Mademoiselle Lambercier ejerció una autoridad maternal, también en infligirnos el castigo de los niños. Quién iba a pensar que esta disciplina infantil, recibida a la edad de ocho años por una mujer de treinta, podría influir en mis propensiones, mis deseos, mis pasiones para el resto de mi vida.

Jean-Jacques Rousseau

Sin duda, el gran filósofo y escritor suizo Jean-Jacques Rousseau no fue el primero en disfrutar (en el verdadero sentido de la palabra) del “castigo de los niños”, es decir, de las nalgadas. Y no fue el último. Por ejemplo, en la Inglaterra victoriana (1837-1901) el tema pornográfico más de moda era el de las nalgadas, junto con los azotes: Londres fue invadida no solo por dibujos, fotografías y libros eróticos dedicados al tema, sino también por una horda de practicantes profesionales, que vendían su maestría por algo de dinero.

Obviamente, también la pornografía moderna ha dedicado mucha atención a las nalgadas, especialmente desde los años ochenta, cuando se fundó en Estados Unidos un increíble número de revistas dedicadas a las nalgadas (“spanking” en inglés, la lingua franca de todas las “rarezas” sexuales…), casi todas fracasaron con el boom de Internet. Por otra parte, se ha lanzado una avalancha de sitios web especializados…

Pero, ¿qué son las nalgadas? El término, como ya se ha mencionado, indica en inglés simplemente el acto de dar nalgadas. En la cultura específica del BDSM, sin embargo, indica el uso de las nalgadas como un acto erótico entre adultos (cuando se trata de la parafilia ligada a la excitación causada por las nalgadas a los niños se usa el término dipoldismo… que no tiene nada que ver con las nalgadas entre adultos).

Estrictamente hablando, “spanking” solo debería referirse a dar nalgadas a mano (y en ese sentido usaremos el término aquí), pero a menudo el término se usa extensivamente para todas las prácticas sexuales que involucran infligir golpes en el trasero con una variedad de herramientas, desde raquetas a cinturones, hasta el látigo.

Las nalgadas son una práctica muy extendida incluso dentro de parejas que generalmente se limitan al sexo “vainilla” (es decir, sexo estándar, tradicional, sin elementos de sadomasoquismo o fetichismo). En estos casos, junto a los azotadores que afirman estar buscando “la conexión emocional y la emoción compartida” con los nalgueados y otros que describen las nalgadas como “una forma de sentir el cuerpo, los músculos, los nervios, la piel, el olor, los olores, el sudor, una forma de ofrecerse o de ofrecerse una nueva experiencia”, también están los que confiesan: “Creo que lo más emocionante del mundo es tener un lindo y apretado trasero femenino con dulces curvas bajo tu nariz. Después de todo, para mí las nalgadas son sólo una excusa para tocar y jugar.”

El uso de las nalgadas en las relaciones sadomasoquistas es diferente, pues se utiliza como castigo en el ámbito de la educación y formación de los esclavos. El castigo puede ser principalmente físico, cuando quien golpea lo hace con fuerza y sin descanso, para causar dolor del nalgueado; o sobre todo mental, aprovechando la humillación inherente al gesto mismo y quizás amplificado por la exposición del trasero desnudo del nalgueado frente al maestro vestido o incluso en público.

Pero las nalgadas también son muy apreciadas por los amantes de los juegos de rol: en este caso se puede interpretar a la niñera que educa al niño de la casa, al jefe de la oficina que nalguea a la secretaria, al profesor que castiga al estudiante… A algunas personas les gusta escenificar un incesto (madre e hijo, tío y sobrino…) o, más en general, les gusta que el nalgueado interprete el papel de un niño; este hecho a veces se interpreta erróneamente como una relación de pseudo-pedofilia, pero en realidad el nalgueado no quiere excitarse en absoluto nalgueando a un niño, sino nalgueando a un adulto vulnerable como si fuese un niño.

codicioso

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