Cuando debería contarle a mi nuevo novio sobre mi TDAH

Como cualquiera con un diagnóstico, quiero lo imposible: No quiero revelar mi TDAH en absoluto.

Cada relación tiene sus cuestiones de tiempo: ¿Cuántas citas tienen antes del sexo? ¿Cuándo debes permitirle a tu cita pagar la cuenta? ¿Cuándo es demasiado pronto para decirle que tienes TDAH?

Esta ultima no es una pregunta para cada nueva relación. Pero lo es para la mía. La respuesta es usualmente: cuando algo sale mal.

No me malentiendan – me gusta tener trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Al igual que ser inteligente o tener sentido del humor, TDAH es un rasgo de caracter positivo que me hace ser quien soy. Pero los hombres con los que he salido no siempre han entendido como el TDAH puede afectar a alguien. Antes de salir conmigo, muchos de ellos no sabían lo que es.

El déficit de atención es una condición neuronal causada por la subproducción de dopamina y norepinefrina, los neurotransmisores que regulan la concentración. Como condición, está mal llamada. Las personas con TDAH no prestan menos atención, prestan más. Porque nuestras mentes carecen de los cortes químicos para eliminar los estímulos necesarios, somos constantemente inundados por todo lo que nos rodea.

Esto significa que en una cita no solo te notaré, notaré todo a tu alrededor: la paja que sobresale del bolsillo del delantal de nuestro mesonero, una bombilla parpadeante en la lampara, las arrugas del mantel. No importa cuanto lo desee, no puedo apagar la inundación de estímulos y solo notarte a ti.

A menos que sepas esto, es fácil pensar que no estoy escuchando. Tomen a Butch como ejemplo, un chico con el que salí en mis 20s. Pasamos un buen rato, pero después de la primera cita él nunca volvió a llamar. Cuando un amigo preguntó porque, él dijo: “yo no creí haberle gustado”. Butch, si estás leyendo, lo entiendo: no me concentré en nada de lo que dijiste en toda la noche. Sí me gustaste, sin embargo. ¿Debí haberte dicho que tenía TDAH?

Creo que hice la jugada correcta al no decirle. Por naturaleza, las citas son un largo proceso de abandonar tus secretos, intercambiando uno a la vez por la intimidad. Cuando tu secreto es que estás perdiendo neurotransmisores en el cerebro, decirle eso a alguien en la primera cita es muy pronto.

Así que es una tercera cita, en la que le dije al hombre para reprogramar porque lo había reservado dos veces con una cita medica por mi TDAH. Cuando lo llamé para explicarle, el tipo preguntó si dolía.

“¿A qué te refieres con, duele?” le dije.

“No lo sé. ¿El doctor te conecta con algo?

No, chico con el que nunca volví a salir, pedirle a tu doctor una prescripción mensual para — no requiere electroshock. En su lugar, mi psiquiatra me preguntó si mis relaciones estaban BIEN, si me estaba enfocando mejor, si mi dosis todavía parece correcta.

Para que conste, si requieres electroshock, no tienes nada de que avergonzarte. Tampoco el TDAH. El déficit de atención no es una enfermedad mental, es un desorden neurológico. Tomo medicamentos que reproducen neurotransmisores para poder concentrarme, del mismo modo que amputado utiliza una prótesis para caminar.

Pero como las personas con TDAH necesitan tanto esos neurotransmisores, es fácil suponer que no podemos funcionar sin medicamentos. Un novio se obsesionó con si había tomado el mío. Cada vez que yo decía algo medio peculiar, el preguntaba: “¿tomaste tu medicina hoy?

Para darle algo de crédito, el preguntaba porque se preocupaba y nunca de una manera critica. Pero todavía me encogía ante la pregunta cada vez. Duele tener a la persona que amas haciendo el papel de padre, duele incluso más saber que lo necesita.

La noche que le dije que tenía déficit de atención, teníamos un año saliendo. Y sí, algo había salido mal. Estábamos discutiendo en el bar de un hotel – música a todo volumen, un barman que escucha a escondidas, la recepción de una boda en el lobby-. Sobre su hombro, pude ver a la niña de las flores caminando en círculos, vestida con una cinta que arrastraba por detrás. El barman se inclinó, la niña tropezó, y no podía luchar contra los estímulos, y él. Le pregunté si podíamos terminar nuestra conversación en la habitación, y cuando él dijo “No, la terminaremos aquí”, estallé.

Había estado sin medicamento durante dos años, pero la retomé. Un año juntos demostró que el hombre me amaba con o sin una píldora, me amé lo suficiente como para no querer volver a estar sobrecargada. Así que, durante meses, no dejaba de preguntarme si había tomado mi píldora, y aunque odiaba escuchar la pregunta, no lo culpaba por preguntar. Él tampoco me quería tan abrumada.

Solía preguntarme como habría sido esa pelea si hubiera sabido de mi TDAH de antemano. Cuando le pedí dejar el bar, él no sabía que estaba sobrecargada; el pensó que estaba tratando de evadir la conversación. Después de un año juntos, ya le había dado la mayoría de mis secretos. ¿Por qué retuve ese?

Como cualquier persona con un diagnóstico, quiero lo imposible: no quiero revelar mi TDAH en absoluto. Nunca le digo a los hombres que soy divertida, ellos solo se ríen de mis chistes. No les digo que soy inteligente, ellos solo lo saben. No quiero que el déficit de atención supere u opaque a las otras partes de mí.

Cuando las cosas terminaron con el chico del bar del hotel, mi doctor estaba casi tan triste como yo. Para el chico del electroshock, el me recomendó que leyera “¡¿Quieres Decir Que No Soy Perezoso, Estúpido o Loco?!”, un libro de autoayuda para adultos con TDAH. También dijo que un hombre que supone que necesito ganglios conectados a mi cerebro de forma regular probablemente no sea con quien quiero estar a la larga.

El hombre con quien quiero estar es el mismo hombre que todas las mujeres quieren, realmente: alguien que me entienda. En lugar de revelar mi diagnóstico, preferiría decir: “Solo soy yo” y escucharlo susurrar: “Está bien”.

 

codicioso

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